MECAFILIA, ¿Y POR QUÉ NO? 3

Mi novia me dejó. Dos años de relación, sin duda los mejores de mi vida. Una buena mujer, inteligente, bellísima y mil virtudes más, la más relevante de todas, la paciencia. Pero comprobé que no era inagotable. Un año de convivencia y un mal día, se hartó, no aguantó más. Bien saben los que bien me conocen que sigo enamorado de ella. Aunque los más hirientemente sinceros me han dicho que la comprenden, que ellos hubieran hecho lo mismo. ¿Que qué es lo que hice? Muchas cosas, pero la culpa la tuvo un elemento desestabilizador venido desde mi infancia, escondido en la maleta que hice cuando ella y yo nos fuimos a vivir juntos, a pesar de que revisé todo cientos de veces, incluso me aseguré de haberlo tirado a la basura. Pero llegamos a nuestra nueva casa y cuando ya estaba deshaciendo las maletas y colocando mis pertenencias, lo hallé. El muy hijo de puta había conseguido volver a colarse en mi vida con el fin de reventar mi relación. Conocía sobradamente el poder de atracción que ejercía sobre mí. No tardó en utilizarlo. Era noviembre, mi primera ducha en el piso, en un día gélido y para más inri aún no teníamos calefacción. Estaba solo en casa, ella estaba trabajando, sabía donde estaba escondido, pero debía ser fuerte y resistir. Sus planes no eran los mismos y cuando me estaba secando el pelo con la toalla, lo vi, sobre el mueble de baño. Estaba tan resplandeciente como siempre, con su seductor naranja ochentero, parecía que incluso me estaba mirando a los ojos, a pesar de que no tenía. A ese nivel de calientapolleo llegaba mi secador de pelo, el muy calientapollas.

Secador

No pude resistirme y lo usé, lo encendí (y él a mí). Volví a dejarme llevar por su sensual calidez, por su ensordecedor a la par que embriagador sonido de baja frecuencia. Me sumergí por enésima vez en ese relax casi opiáceo, donde se colaba la euforia, la nostalgia de buen rollo, tantas y tantas emociones. Una hora duró mi trance, cuando desperté de mi ensoñación fue para darme cuenta de que llegaba media hora tarde a trabajar. Ya empezaba a condicionarme, hasta que no pudiese renunciar a él no podría volver a ducharme por la mañana. Pero eso a su vez me creaba otro problema. Debía ducharme por la noche y mi sesión de secador, inevitablemente coincidiría con las únicas horas del día en las que veía a mi novia. Cómo reaccionaría ella al conocer mi afición favorita? Pues esa misma noche se lo expliqué. Y sorprendentemente no se lo tomó mal, ya he dicho antes lo maravillosa que es. Incluso le hizo gracia, me dijo algo así como: “Qué mal estás de la cabecita” dicho esto con toda la dulzura del mundo. Simplemente me dejó hacer. Esa primera vez fui comedido, no más de media hora y ella al final me preguntó interesada:

MI EX: ¿Y qué sientes exactamente cuando lo haces?

YO: Pues es difícil de explicar, pero aparte del puro placer físico que me proporciona, es la forma más real en la que puedo retrotraerme a la infancia y sabes que lo intenté muchas veces con la droga.

MI EX: Ya sabes que eso no me gusta nada… Pero ¿por qué dices lo de la infancia?

YO: Porque me siento como cuando de pequeño me secaba el pelo mi madre, mientras escuchaba en el radiocassette mi cinta grabada de Madonna y cenaba un bocadillo de morcilla patatera.

MI EX: Eso es muy tierno…

YO: Gracias bonita. Es que es como si me sintiera en armonía con todo, como si ese calor y ese sonido restablecieran el equilibrio perdido del mundo. Que el pelo se seque antes es sólo una excusa.

MI EX: Bueno, pues si te hace tan feliz, sigue haciéndolo. Lo que me sorprende es que no me lo hayas contado antes.

YO: Entiende que es algo muy raro, no es fácil de confesar, tenía miedo de que me tomaras por un loco…

MI EX: ¡Pero sí eso ya lo tengo clarísimo! Jajaja.

La pobre no sabía bien hasta que punto llegaba mi chifladura. Darme vía libre no fue una buena idea por su parte, porque a partir de ahí, empecé a pasar más tiempo con él que con ella. Si ella estaba mirando internet, yo estaba en el sofá aplicándome el secador. Si ella estaba en el sofá, yo estaba mirando internet aplicándome el secador. Llegó nuestra primera factura de la luz: 300 euros. La pagué yo, eso no me detuvo. Lo que detuvo fue nuestra vida social, porque no tenía dinero para salir a cenar, ni ir al cine, ni quedar con los amigos. Y para ser sincero tampoco tenía ganas, prefería quedarme en casa al calor del secador y del amor de mi chica. Un sábado en el que ella estaba viendo una peli en la tele y yo estaba dándome una sesión especialmente placentera, se me ocurrió una idea que para mí era sublime. Fusionar placeres. Le pedí que me la comiera mientras me secaba el pelo. Se negó. El morbo que me provocaba a mí era inversamente proporcional al que le provocaba a ella. Me enfadé, ahora sé que de forma absolutamente injustificada, pero en ese momento me dio mucha rabia no salirme con la mía. Pasaron los meses, las facturas aumentaban, cuando practicábamos sexo yo lo dejaba puesto de fondo, suponiendo que ella no se iba a dar cuenta, pero se desconcentraba y se levantaba a apagarlo, lo que me enfadaba y me desempalmaba. Acabé por acostarme con ella y con el secador, ella se dormía y yo seguía con mi secador. Y muchas noches con una mano sujetaba el secador y con la otra mi pene. Me masturbaba enternecido y  mientras la veía dormir y me sumergía en mi fusión de sensaciones. Pero una noche, mi orgasmo la despertó. No se creyó que ese disparo de esperma no iba dirigido intencionadamente a su cara, que no lo pude controlar. Me pongo en su lugar y no debe resultar agradable sentir un impacto de lefa en la cara, abrir los ojos y que allí esté tu novio con los ojos desorbitados, la polla en una mano y el secador en la otra. A la mañana siguiente me puso en el temido brete: “O él o yo”. Yo argumenté que me parecía injusto, que no podía hacerme eso, que sabía lo importante que eran los dos para mí, que si lo hubiera hecho con un amigo o con mi padre no lo habría dudado y la hubiera elegido a ella, pero que el hecho de que lo hiciera con el secador me parecía un chantaje inaceptable. Se fue a trabajar y cuando volví, sus cosas ya no estaban. Mi reacción instintiva fue buscar el secador donde lo había dejado, por temor a que se hubiera deshecho de él en un brote vengativo. Pero no, ya he dicho antes que era maravillosa. El secador estaba en casa,  no donde lo dejé, sino en la cama, apoyado en el lado de la cama que hasta la noche anterior le había pertenecido a ella. Estaba encantador, arropadito. Tan cotidiano y a la vez tan sexy. ¿Lo había colocado ella ahí a modo de mensaje o era él el que por iniciativa propia había ocupado su lugar?. Nunca lo sabré, pero cuando me acerqué a él y lo encendí, una enorme y algo maliciosa sonrisa iluminó la habitación.

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NUEVO ÁRBOL GENEALÓGICO 3 – MECAFILIA, ¿Y POR QUÉ NO? 2

Después de que desapareciera la chica de mis sueños, dormí como un lirón. No sabría decir cuantas horas, pero sí sé que soñé. Y esos sueños no fueron dulces, esos sueños inauguraron un nuevo género en el universo onírico, una categoría que iba mucho más allá de la dulzura: sueños “miel con azúcar”. Todas con mis hijos -los animales- como acompañantes de lujo. Opíparas cenas de nochebuena en la selva, reencuentros llenos de emotividad en “Sorpresa, Sorpresa” (Yo abrazando a un pingüino emperador con 10 millones de espectadores y un 47% de share) e incluso heroicidades de alto copete, como hacer volar a un lenguado o enseñar a bucear a una cucaracha. Me desperté pleno, fuerte como un roble, pero no me desperté solo. Había algo en mi cama, no sabía qué, porque estaba tapado, pero era un bulto bajo la sábana y ésta se levantaba levemente con su respiración. Levanté la sábana ligeramente y menos mal, ahí estaba la cabeza de mi perrito Farlopa. A veces se subía a dormir conmigo, detectaba cuando estaba en fase R.E.M. y se hacía un hueco en la cama con la seguridad de que no me iba a enterar y por ende, no le iba a poder echar la peta. Me levanté sin decirle nada e hice lo que hago siempre al levantarme, mi pequeño ritual mañanero. Primero mear y segundo ducharme. Me llamó la atención en la ducha el hecho de que mi vello corporal se había multiplicado considerablemente desde la última vez que me duché. No me preocupé demasiado, lo achaqué a que me acababa de estrenar en el mundo del metisaca y quizá esa era la reacción hormonal natural de mi cuerpo, igual ya era un hombre. Mientras me estaba secando, me miré al espejo (como el narciso feo que soy) para conseguir mi mejor versión. HOSTIA PUTA. ¿QUÉ COJONES ME PASA? ¡ESTOY ANCIANO! A ver, tampoco es que estuviera anciano, pero me habían caído un montón de años encima, de sopetón y al ser yo un púber de 16 primaveras, me acojonó sobremanera verme tan ajado. Ahora entendía lo del pelo a mansalva. No sabía qué hacer, me volví a la habitación corriendo, si mi familia me veía así podría infartarles de muerte o lo que es peor, decepcionarles. Me metí de nuevo en la cama, confundidísimo, pretendiendo ilusamente volver a dormirme para volver a despertarme con 16 años. Farlopa seguía ahí, le acaricié la cabecita para relajarme (acariciar a un perro es orfidal gratis) y después baje la mano para acariciar su ¡COÑO! ¿DÓNDE COÑO ESTÁ EL CUERPO DE MI PERRO? ¡SÓLO ESTÁ SU CABEZA! Era como la cabeza de caballo de “El Padrino”, pero en perro y en mucho peor, ¡porque estaba vivo! Respiraba y me miraba. Y por si esto fuera poco, empezó a hablarme:

FARLOPA’S HEAD: ¿Qué pasa papa? ¿A qué viene este alboroto?
YO: Farla, ¿qué está pasando aquí? ¿Dónde está tu cuerpo? ¿Por qué estoy tan mayor? AHHHH.
FARLOPA’S HEAD: A ver, relájate, eso lo primero, que en ese estado no vas a ser capaz de solucionar esta situación.
YO: Ah, ¿que además la tengo que solucionar yo?
FARLOPA’S HEAD: Mira, no me voy a andar con paños calientes. Todo esto se decidió ayer en la primera asamblea de los hijos de Óscar. Primero se decidió que debíamos darte un buen susto con lo de mi cabeza, para predisponerte emocionalmente para lo que vino después. No te preocupes, porque yo estoy bien, esto es una mera ilusión creada por uno de los vocales de la asamblea, que además es druida, el berberecho Regino.
YO: Bueno, pues me habéis traumatizado de por vida, enhorabuena. Y lo de mi vejez?
FARLOPA’S HEAD: Pues la asamblea ha decidido castigarte de esta manera, por tenernos desatendidos durante tantos años, por ser tan mal padre.
YO: ¡Pero si no lo sabía!
FARLOPA’S HEAD: Bueno, eso no es lo que cree la asamblea, creemos que has tenido señales más que suficientes durante toda tu vida para darte cuenta, pero que las has obviado conscientemente para no afrontar la enorme responsabilidad que se te venía encima.
YO: ¡Vale! ¡Lo reconozco! ¡Pero no me podéis hacer perder 13 años de mi vida por eso! Algo me olía, pero ¿cómo podía estar seguro?
FARLOPA’S HEAD: Eso ya no es importante. Lo que importa ahora es que tienes 30 años, los cumpliste ayer. Por cierto, ¿sabes como los celebraste? Practicando la fornicación con un despertador.
YO: Eso es mentira cochina, yo ayer estaba con Ana en 1995, ¡me la proporcionasteis vosotros!
FARLOPA’S HEAD: Sí, pero ahora estás aquí, en 2008. Y lo que hiciste ayer, también lo estás haciendo ahora. Y lo que vas a hacer el 3 de marzo de 2020, también. Vives todos los días de tu vida a la vez, como todo el mundo, pero no lo sabes, como todo el mundo, porque no lo puedes concebir y perderías la cabeza.
YO: Pues no sé que es peor, si perder la cabeza o el cuerpo.
FARLOPA’S HEAD: Touché. El caso es que tu situación es reversible, tienes una misión que cumplir. Si la cumples con éxito, volverás a tener 16 años, no recordarás nada de lo que ha sucedido, solo tendrás la absoluta certeza de que somos tus hijos, no sabrás por qué, pero sabrás que es así. Sí no la cumples te quedas con 30 años y con toda esta información tan cabrona que acabo de depositar en tu cerebro.
YO: JODEEER. ¿Y cuál es la puta misión?
FARLOPA’S HEAD: Mira, tú no sabes quién es nuestra madre, pero nosotros sí. Tienes qué averiguarlo en un plazo de 24 horas. Tienes tres intentos y sólo tienes una pista: Está en esta casa. Di tu decisión en voz alta y una voz ubicua te responderá. Adiós.

Y la cabeza de mi perro desapareció sin más. ¡Puto berberecho! ¡Brujo de mierda! ¿Dónde está la inquisición cuando se la necesita? Bueno, tenía que ponerme manos a la obra cuanto antes, sólo tenía 24 putas horas. ¿La madre estaba en mi casa? Yo sólo vivía con mi padre y mi abuela. ¿Qué clase de aberración proponían esas bestias? Era dantesco, sin duda, pero no me quedaba otra alternativa, debía investigar a mi propia familia. Era complicado porque no podía dejar que vieran mi aspecto de 30 años, era gente que no sabía utilizar un mando a distancia, no podía explicarles esto bajo ningún concepto. Busqué entre mis cientos de caretas y decidí que la más apropiada para la tarea que me aguardaba, era sin duda la de Chimo Bayo.

Me la encasqueté, me puse su visionario traje y me aproximé al primer objeto de mi investigación: Mi afable a la par que agreste padre, que estaba en el salón viendo “Socios y Sabuesos” por tercera vez en la semana. Era martes.
YO: PAPÁ, ¡JU JA! (Típica onomatopeya chimobayística)
PAPA: Vaya susto que mas dado, tontoloscojones. Anda, quítate esa mierda que llevas en la cara, adefesio.
YO: Papa, a ti te han encantado los animales de toda la vida de Dios, ¿no? Para ti el mundo animal no tiene pegas porque es genial.
PAPA: Hombreee, ya sabes tú que tu padre es un gran amante de los animales.
YO: Ajá… ¿Harías cualquier cosa por ellos? ¿O igual que dices que esta sí, esta no la harías?
PAPÁ: ¿Por qué? ¿Le ha pasado algo al Farlopa? Hace rato que no le veo.
YO: Tranquilo, está echando una cabezadita… papá, ¿tú le has sido infiel a mamá?
PAPÁ: Pero qué dices niño, ¿estás chalao? Te pego un palo que te eslomo. Yo a tu santa madre la he respetado toda la vida… y más ahora que me falta la pobrecita mía…

Y mi padre se puso a llorar y yo me sentí como una puta mierda, pero ¿qué podía hacer? Al menos había descartado que mi padre fuera la madre de mis hijos, algo por otra parte, inconcebible, en el amplio sentido de la palabra. Mi abuela tenía por esa época 85 años, con lo que haber concebido con ella también era una quimera. Tenía la ventaja de que estaba un poco gagá y cuando me ponía caretas no era capaz de reconocerme. Estaba en la cocina haciendo una de sus memorables cocidos y gritando, como siempre.

YO: Muy bien ese cocido, así me gusta a mí, así me gusta a mí.
ABUELA: AY MADRE, UN MARCIANO. ¡AURELIO! HA VENIDO UN MARCIANO, ¡MÁTALO!
YO: Señora, deje en paz a su yerno que está viendo una película. He venido en son de paz. Vengo del planeta Levante y estamos investigando unos sucesos paraanormales que han acaecido recientemente.
ABUELA: A MÍ DÉJEME DE ROLLOS QUE ESTOY HACIENDO EL COCIDO, QUE BASTANTES PROBLEMAS TENGO YA EN LA VIDA.
YO: ¿Usted ha sido madre recientemente señora?
ABUELA: UHHH, ¿MADRE DICE? 85 AÑOS TENGO HIJO DE MI VIDA, 86 LOS QUE HAGA, AUNQUE NO LOS REPRESENTE, YO YA HE PARIDO TODO LO QUE TENÍA QUE PARIR, 12 HIJOS NA MENOS.
YO: Pero estoy hablando de animales, señora. Y de su nieto.
ABUELA: ESE SÍ QUE ES UN ANIMAL, QUE SON LAS DOS DE LA TARDE Y TODAVÍA NO SE HA LEVANTAO. ¡AURELIOOO! ¡DESPIERTA AL NIÑO QUE YA ES HORA! ¿QUIERES COCIDO, HIJO? ¿COMÉIS COCIDO LOS MARCIANOS?

No supe que responder a eso y me fui a mi habitación a pensar. Entre mi padre y mi abuela, tenía que elegir a uno, por muy descabellado que fuera y dije en alto:

YO: La madre de los animales es: Mi padre
VOZ UBICUA: Incorrecto. Sólo te quedan dos intentos.
YO: Entonces es mi abuela?
VOZ UBICUA: Es esa tu segunda respuesta?
YO: No, no. Espera que piense…
VOZ UBICUA: Está bien, te facilitaremos una segunda pista. No es una persona.
YO: Vaya, cuánta generosidad, eso sólo descarta a mi abuela porque mis hermanos no están en casa… Cría cuervos…

Los animales tampoco podían ser, porque sólo teníamos a Farlopa y su cabeza había desaparecido. No teníamos plantas, con lo que ya sólo quedaban objetos. Qué locura, había cientos de objetos en la casa, como podía concebir a animales con objetos, ¿qué tomadura de pelo era esa? Así a lo tonto había consumido ya 6 horas, el reloj iba en mi contra. El único objeto con el que yo recordaba haber tenido relaciones sexuales era a la almohada. Pero no podía ser esa almohada, la cambié hacía unos meses y hacía años que ya sólo utilizaba mi mano. También alguna vez había eyaculado por error sobre un póster de Marilyn Monroe que utilizaba para estimularme visualmente. Preñar a un póster, qué movidote… ¡Ah, coño! Farlopa había dicho que ahora al cumplir los 30, había estado copulando con mi despertador. Y me había soltado no sé que rollo de que estábamos en todos los momentos a la vez, así que igual había concebido ayer a todos, o ya había concebido algunos entre los 16 o los 30, o después. Me cago en la puta, ¿estoy de tripi o qué pasa aquí? Pasaba de comerme más la olla, ya está:
YO: La madre de los animales es: Mi despertador.
VOZ UBICUA: Incorrecto. Sólo te queda un intento.
YO: JODEEER. ¿Y no hay más pistas?
VOZ UBICUA: Sí venga, la última. Es un objeto con el que, de una u otra manera, interactúas todos los días.
YO: Me tenéis hasta la polla.

Doce horas habían pasado. Doce horas me quedaban. Un objeto que uso a diario, tócate los cojones con la pista. Cienes y cienes de cosas: cama, cepillo de dientes, gafas, lubricante anal, etc… Eran innumerables, era imposible. El miedo finalmente me venció y la tensión me descompuso. Literalmente, porque sentí los retortijones más terribles de mi vida. Fui corriendo al váter y allí me quedé durante horas, defecando las pocas esperanzas que me quedaban. Más de 13 años de mi vida se iban por el sumidero. Nunca iba ser un veinteañero, en esa situación no era factible razonar una tercera respuesta exitosa, con lo que mi única posibilidad era que estos hijos de puta me estuvieran gastando la broma más pesada de todos los tiempos. Con toda esa conmoción e indisposición, me asaltó una duda absurda: ¿Dónde iba toda esa caca? ¿Y el orín, el vomito, la saliva, el esperma, dónde acababan? Supuestamente viajaban por las tuberías y acababan en una planta de tratamiento de aguas residuales. Pero ¿y si no era así? ¿Y si nos estaban engañando y acababan en otro lugar?. ¿O se convertían en otra cosa? Como por ejemplo, en animales. Quizá solamente mis desechos, no los de todos sino sólo mis desechos, se convertían por arte de biribirloque en mis hijos, todos los animales del mundo, lo que convertía al váter en su madre. Yo depositaba cada semilla y el váter gestaba a cada vástago. Pero ¿qué clase de idea chiflada era esa? Probablemente tuviera fiebre, una fiebre conspiranoica. Pero ya no tenía nada que perder y con este último pensamiento, la voz ubicua hizo acto de presencia por primera vez. Era una rata apestosa vestida de lagarterana. Muy cuerdo todo.

RATA: Las 24 horas han tocado a su fin. Debes darme tu última respuesta, pero antes tira de la cadena y echa ambientador, que menudo pestazo hay aquí.
YO: ¿Y eso me lo dice una rata de cloaca como tú?
RATA: Bueno, mejor dejémonos de opiniones subjetivas y centrémonos en el asunto que nos concierne.
YO: Muy bien. Pues la madre de todos los animales es: este váter sobre el que me hallo.
RATA: ¡Cooooorrecto!
YO: ¿QUÉ? DON’T FUCK ME! AHHHH.

Y me levanté y di unos saltos tremendísimos. ¡Estaba salvado! Qué fuerte que hubiera tenido esa revelación. Al fin y al cabo, no era tan imbécil como creía. Y entonces, allí en el cuarto de baño se presentaron todos los animales del mundo.
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Todos cabían, todos habían venido a querer a su papá. Me dijeron entre bromas que por favor me limpiara el culo y después de hacerlo me llevaron en volandas a la cama, donde me dejaron acurrucado. Ya no me dolía la tripita, ya era un adolescente otra vez, ya me podía dormir tranquilo.